Tras la despedida de Amfortas y la reincorporación de Tar, los héroes partimos hacia la antigua fortaleza de Kongen-Thulnir, lugar de descanso de la filacteria de Dragotha. Aprendimos de Manzorian que se trata de una antiquísima ciudela habitada por gigantes (antiguamente aliados con la Orden de las Tormentas, pero que probablemente hayan sido sustituidos por otros, ya que la fortaleza era bastante disputada) y especialmente diseñada para resistir los ataques de dragones (abundantes en la cordillera en la que se encuentra).
Una vez allí, encontramos dragones de todos los tipos y colores asediando una ciudad fortaleza defendida por gigantes. Un colosal dragón rojo que destellaba con los reflejos solar parecía dirigir las fuerzas de los dragones. Nittha lo identificó como Brazzemal el Ardiente, un poderoso dragón que gustaba de incrustarse piedras preciosas entre las escamas. También pudimos ver que los dragones parecían concentrar sus esfuerzos en una de las torres fortificadas, aunque ignoramos el motivo.
Decidimos intentar una aproximación sigilosa a la ciudadela, pero fuimos sorprendidos a medio camino por el legendario dragón verde infernal llamado 'Necrozyte', famoso por su poder y su odio hacia los aventureros. Antes de que pudiéramos reaccionar, se materializó junto al grupo, derramando su aliento ácido sobre todos. Los combatientes intentaron reaccionar, pero prácticamente todos los ataques eran desviados por la dura piel del monstruo y sus protecciones mágicas. Incluso los conjuros parecían no afectarle. Se planteaba una batalla complicada.
Halisuth intentó purgar la invisibilidad de la zona, pero la movilidad del dragón era demasiado grande y ya se hallaba fuera del alcance del conjuro. El tiempo pasaba y nadie sabía dónde atacar. Afortunadamente Ash aun guardaba un antiguo pergamino que le permitía ver criaturas invisibles. Apresuradamente lo leyó y pudo averiguar la localización del dragón. Nittha y Tar, que estaban esperando una indicación aprovecharon ese momento para descargar una temible bola de fuego y una mortífera andanada de flechas sobre la zona que ocupaba el dragón. Ambos hallaron su objetivo y el dragón se materializó de nuevo, desplomándose ya sin vida sobre el campo de batalla.
Una vez más calmados, a lo lejos pudimos divisar, una barricada defendida por gigantes que parecían no haberse perdido nada de nuestra actuación...