sábado, 2 de diciembre de 2006

En el túmulo de los susurros (precuela parte 2)

Asistentes: Amfortas el clérigo de San Cuthbert(Enrique), Nittha la maga (Inma) y Tagar el guerrero (Alberto)

Los cautro aventureros se encaminaron hacia el túmulo de los susurros en busca de fortuna y gloria. El lugar hacía honor a su nombre, ya que un viento susurrante surgía de sus paredes, como advirtiendo a los intrusos.
El lugar parecía haber sido saqueado con anterioridad, y ahora servía de guarida de una manada de lobos, que hicieron pasa apuros al grupo.
En uno de los pasillos descubrieron los restos de un extraño espejo de marmol con un símbolo en su base. Tras una visita a Allustan Nittha aprendió que el símbolo era el nombre de un Duque del Viento llamado Icosiol. Los duques del viento fueron una raza ya extinguida que lucharon contra las fuerzas del caos, antes de que el primer humano pisara la tierra. Muchos túmulos de la zona pertenecen a los Vaati o Duques del Viento.
En otra rama del túmulo, un derrumbamiento impidió a los aventureros examinar lo que se ocultaba en él. Decidieron volver a él cuando tuvieran medios, al final quedó pendiente. Allustan se comprometió a contratar una cuadrilla de obreros para examinarlo en otra ocasión.

Más adelante, encontraron la guarida de los lobos, y en ella estaban los restos de algunas víctimas. Entre los restos descubrieron una curiosa linterna de color índigo.
En el túmulo, justo en frente de la guarida de los lobos se hallaba un envejecido mural que mostraba una sala con 7 linternas brillantes, cada una de un color del arcoiris.

Al examinar la zona, atravesaron un pasillo con telarañas, que ocultaba al fondo una sala indéntica a la del mural, salvo por varios detalles. Faltaban las linternas roja e índigo, sólo la verde estaba encedida.
En el centro de la sala había un sarcófago de un Vaati con otro simbolo. El símbolo del Vaati era otro nombre: Zoisel. Este Duque del viento fue un guerrero menor que murió en la batalla contra el caos.
El interior del saracófago estaba entrampado y vacío. Sin embargo lo más interesante era que podía pivotar. Al girarlo una posición, un ascensor surgió del suelo.
Rebef y Tagar se internaron a examina lo que había en el piso inferior, mientras Nita y Amfortas decidieron comprobar si el sarcófago giraba más.
Esta fue una mala decisión, ya que el sarcófago volvió a girar, dejó al guerrero y al pícaro abajo, y comenzó a intentar elevar otro ascensor. Ese ascensor estaba atascado y el suelo estalló en pedazos, surgiendo de él una plaga de escarabajos y un horrible monsturo de ocho patas.
Asustados Nittha y Amfortas trataron de girarlo de nuevo, y así hicieron hasta que apareció otro ascensor.
Pero este ascensor era una trampa, como comprobó Nittha en sus propias carnes.
Los dos huyeron por los pelos de los monstruos y decidieron volver más tarde.
Necesitaron dos días para librarse de las criaturas y rescatar a sus amigos.
Una vez descansados continuaron el examen de las nuevas salas.
Bajo el primer ascensor vieron lo que parecía ser el hogar el arquitecto de la tumba, otro Vaati, que, por los símbolos que encontraron, se llamaba Nadroc. Allí se enfrentaron a una criatura voladora hecha de dos ojos unidos por un tendón y un elemental de piedra prisionero de la batalla contra el Caos.
Cuando acabaron con los salones del arquitecto descendieron por la parte del ascensor atascado. Esta debía ser una sala común para los obreros. En ella descubrieron los cadáveres de varios saqueadores de tumbas, pertenecientes a la orden de Khellek, los buscadores. Habían perecido a manos de los escarabajos que habitaban esas salas.
También en esta zona había un area inundada, custodiada por un elemental del agua que se había vuelto loco. Al parecer los Vaati usaban a los elementales de agua para tener un sistema de agua corriente.
En la zona sumergida también descubrieron al que debía ser el lider de los buscadores, que ahora se había convertido en un necrófago hambriento.
Lo más interesante que descubrieron fue una linterna roja.
De vuelta al piso de arriba, descubrieron que en la sala había una salida oculta a 40 pies de altura. Tras ella había un pasillo que terminaba en una pared con forma de un rostro enfurecido. En ese pasillo también vieron marcas de raspaduras, como si alguien hubiera tratado de agarrarse desesperadamente al suelo.
Esto les permitió deducir que era una trampa. Nittha, que había encontrado en las otras salas un anillo de caida de pluma, se ofreció para acercarse a la cara. El resto esperó abajo.
Al acercarse a la pared, se activó una trampa que provocaba un viento huracanado que arrojó a la goliat hacia afuera. La maga se libró de una muerte segura gracias a su anillo.
Un detalle que vio Nittha fue que el rostro brillaba con seis luces: roja, naranja, amarilla, azul, índigo y violeta. Eran los colores de las linternas salvo la verde, que era la única encendida.
Encedieron con antorchas todas las linternas y las colocaron en sus sitios. Cuando subieron a la sala superior la cara había desaparecido.
Tras ese pasillo había otra sala, que tenía un puente estrecho que cruzaba sobre un suelo repleto de bolas metálicas.
De nuevo estaban ante otra trampa, esta se activa si se cruzaba el puente, y arroja bolas de acero a los intrusos. Cuando consiguieron evitarla (y derrotar al grick que habitaba en la sala) desubrieron que ya no podían avanzar más. La puerta estaba bloqueada.
Sin embargo, en ese momento, apareció el fantasma de un niño con el cuello roto, y poseyó a Tagar.
El niño-fantasma lles contó que se llamaba Alastor Land y que huyó de su casa para explorar el túmulo hace muchos años. El niño llegó hasta esta sala, pero la trampa lo mató. Ahora su cuerpo yace bajo las bolas de acero. Les dijo que si le enterraban junto a su familia que vivía en una granja cercana, él les dejaría pasar.
De modo que los cuatro recuperaron el cuerpo y fueron a cumplir su misión.

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