Tras conversaciones con los gigantes que nos habían observado, llegamos a la conclusión de que para comprender lo que estaba ocurriendo en la fortaleza, debíamos hablar con el rey Khargak Dwergun. Nos informaron de su localización y allí fuimos. En el palacio encontramos un anciano y achacoso rey gigante, que nos habló del ataque dragonil que estaban sufriendo. Ocurría en un momento inoportuno, en el que se encontraban en conflicto con los otros clanes de gigantes que habitaban allí. Uno de ellos vivía en el nivel inferior de la ciudadela y su caudillo era un tal Charglar. Otro de ellos, vivía en una de las fotalezas y se hacían llamar los Tiamikal Nul-Shada, que Nittha nos tradujo como "Los cazadores de los hijos de Tiamat", guardianes de la bóveda sagrada, donde a ningún ser le estaba permitido el paso bajo ningún concepto, según los preceptos establecidos por sus ancestros. Al parecer, los Tiamikal estaban enfadados con Khargak por la pérdida de una de las llaves de la bóveda.
Decidimos cruzar el gran puente que separaba estas dos zonas para dirigirnos a hablar con los Tiamikal Nul-Shada, pero fuimos emboscados por tres dragones azules que se materializaron sobre nosotros y nos electrocutaron con sus alientos de rayo. Heridos y sorprendidos, decidimos teleportarnos con ayuda de Nittha a la zona de los Tiamikal para reorganizar nuestra estrategia.
Una vez allí, descubrimos que, para nuestra desgracia, los guardianes gigantes de las puertas de ese territorio no parecían muy dispuestos a entablar una conversación y, enseguida, comenzaron las hostilidades con ellos. Por si esto no fuera poco, unos segundos más tarde, los dragones que nos habían atacado anteriormente se unieron a la refriega y nos vimos en medio de un fuego cruzado. Al menos, tras el ataque de los dragones, los gigantes decidieron centrar sus ataques en ellos, antes que en nosotros.
Tras algunos asaltos, conseguimos hacer caer a los dos dragones 'menores'. Uno fue consumido instantáneamente en las llamas sagradas del fuego de Halissuth y el otro sucumbió a las heridas combinadas del resto del grupo, pero el líder se nos escapaba. Ash, en un momento de desesperación, utilizó uno de los poderosos conjuros en pergamino que nos había otorgado Manzorian para obtener visión verdadera y localizar al dragón. Sin embargo, aun así, sus protecciones mágicas y su mayor movilidad nos impedían llegar a plantarle cara.
Finalmente, agotados, casi sin recursos y, algunos, al borde de la muerte decidimos reagruparnos y utilizar uno de los pergaminos de Nittha para volver a la torre de Manzorian y poder recuperarnos. Sin embargo, justo antes de la teleportación, Ash, con la visión verdadera otorgada por el conjuro, pudo ver algo que le sorprendió... Gazzilfek estaba protegido por una ilusión que le daba el aspecto de un spriggan, pero en realidad se trataba de una criatura deforme y agusanada, sin duda una criatura de Kyuss...
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