Asistentes: Amfortas el clérigo de San Cuthbert(Enrique), Ash el pícaro espadachín y robaconjuros (David), Krath el brujo arcano (Charo), Nittha la maga (Inma) y Tazón el paladín (Alberto).
Casi antes de que pudiéramos reaccionar, Allustan (o más bien el doppelganger que simulaba ser él) se transformó en un anciano y comenzó a conjurar una bola de fuego que dejó al grupo tocado. Cuando Tazón cargó contra él, cayó en una trampa hábilmente disimulada en el suelo donde a punto estuvo de perder la vida, así que el resto comenzamos a movernos con cuidado. Cuando por fin creíamos que teníamos al replicante acorralado, se transformó de nuevo, esta vez en un terrible bárbaro. Afortunadamente, supimos esquivar o encajar sus golpes, y un terrible mandoble de Tazón, que pudo salir de la trampa gracias a Murray (la cuerda mágica de Krath). partió al infeliz en dos.
Encontramos una puerta secreta tras el trono y allí las habitaciones privadas del malvado doppelganger. Como estábamos agotados por los combates decidimos descansar, pero antes de que pudiéramos siquiera quitarnos las armaduras, la puerta se abrió de par en par. Al otro lado solo había una niebla oscura, de la que brotó una energía que no habíamos visto nunca antes. Un terrible estallido psíquico dejó a todo el grupo aturdido y una oscura forma con tentáculos en las fauces ordenó nuestra muerte. Entonces aparecieron dos elfos oscuros que intentaron acabar con nuestra vida mientras nos recuperábamos del shock. Afortunadamente, pudimos con ellos y escapamos rápidamente del almacén. Gracias a los dioses, la figura tentaculada, que Nittha identificó como un desuellamentes, se había marchado.
Pudimos llegar sin problemas a la posada, donde descansamos e hicimos balance de nuestras ganancias.
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