¡El aspecto de Ébano estaba allí! Apenas habían llegado a tocar el suelo las astillas de la puerta cuando la enorme bestia se introdujo en la habitación y comenzó a atacarnos sin piedad. Hubo unos momentos de pánico cuando comprobamos que nuestras armas no eran suficiente para atravesar su dura piel y que algunos de los conjuros que le lanzábamos no producían ningún efecto o, peor aún, los absorbía y utilizaba su energía para curarse. Afortunadamente, somos un grupo de recursos, el arma Tagar fue bendecida por San Cuthbert con la intervención de Amfortas y pudo causarle daño, Ash pudo deslizarse hasta un flanco vulnerable de la criatura donde los golpes parecían ser más efectivos y el resto del grupo pudo hostigar a distancia al engendro, que acabó cayendo bajo nuestros golpes.
miércoles, 21 de marzo de 2007
Cerrando un capítulo
Asistentes: Amfortas(PNJ), Nitha(Inma), Tar(Miguel), Ash(David), Tagar(PNJ) y Krath(Javi)
¡El aspecto de Ébano estaba allí! Apenas habían llegado a tocar el suelo las astillas de la puerta cuando la enorme bestia se introdujo en la habitación y comenzó a atacarnos sin piedad. Hubo unos momentos de pánico cuando comprobamos que nuestras armas no eran suficiente para atravesar su dura piel y que algunos de los conjuros que le lanzábamos no producían ningún efecto o, peor aún, los absorbía y utilizaba su energía para curarse. Afortunadamente, somos un grupo de recursos, el arma Tagar fue bendecida por San Cuthbert con la intervención de Amfortas y pudo causarle daño, Ash pudo deslizarse hasta un flanco vulnerable de la criatura donde los golpes parecían ser más efectivos y el resto del grupo pudo hostigar a distancia al engendro, que acabó cayendo bajo nuestros golpes.
Tras el combate, terminamos de registrar la zona y comprobamos que habían llegado suministros de Balabar Smenk... ¡El muy malnacido nos había engañado! Decidimos partir hacia el pueblo cuanto antes y comenzamos el camino de vuelta. Cuando llegamos a la zona de la piscina negra, encontramos restos de una lucha y a un maltrecho Kullen, que había sido enviado por su patrón para acabar con nosotros y que se había encontrado al aspecto de ébano nada más emerger de la piscina. Tras interrogarle decidimos que ya no representaba ninguna amenaza, así que le dejamos marchar y continuamos nuestro camino de vuelta al pueblo...
¡El aspecto de Ébano estaba allí! Apenas habían llegado a tocar el suelo las astillas de la puerta cuando la enorme bestia se introdujo en la habitación y comenzó a atacarnos sin piedad. Hubo unos momentos de pánico cuando comprobamos que nuestras armas no eran suficiente para atravesar su dura piel y que algunos de los conjuros que le lanzábamos no producían ningún efecto o, peor aún, los absorbía y utilizaba su energía para curarse. Afortunadamente, somos un grupo de recursos, el arma Tagar fue bendecida por San Cuthbert con la intervención de Amfortas y pudo causarle daño, Ash pudo deslizarse hasta un flanco vulnerable de la criatura donde los golpes parecían ser más efectivos y el resto del grupo pudo hostigar a distancia al engendro, que acabó cayendo bajo nuestros golpes.
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